El picoteo constante dispara el riesgo de caries: “Es uno de los patrones dietéticos más perjudiciales”
La Dra. Marta Larrea advierte del aumento del consumo de azúcares y bebidas carbonatadas en la segunda infancia y su impacto no solo en los dientes permanentes, sino también en el bienestar emocional y el rendimiento escolar
Los hábitos alimentarios de la infancia han cambiado de forma silenciosa pero decisiva. En una etapa clave para el desarrollo de los dientes permanentes, los expertos apuntan que el aumento del consumo de azúcares y bebidas carbonatadas está generando un escenario de mayor vulnerabilidad bucodental. Y el riesgo, pese a lo que muchos puedan pensar, no se limita a la aparición de caries: afecta también al bienestar emocional y al rendimiento académico de niños y adolescentes.
La Dra. Marta Larrea, dentista y Global Medical Lead en Dentaid, advierte en una entrevista concedida a Dentalia de que “la alimentación ejerce una influencia directa y decisiva sobre la salud bucal”. En concreto, señala que “durante la segunda infancia y al inicio de la adolescencia suele incrementarse el consumo de azúcares y bebidas carbonatadas, lo que supone un riesgo importante para los dientes permanentes recién erupcionados”. El momento vital es clave. Según explica la odontóloga, estas piezas dentales “aún inmaduras, son especialmente vulnerables a los ataques ácidos derivados de estos productos”.
En la práctica clínica, uno de los patrones más preocupantes es el picoteo constante. “Uno de los patrones dietéticos más perjudiciales es el picoteo entre horas, especialmente cuando incluye alimentos procesados, chucherías o bebidas azucaradas, ya que favorece un ambiente ideal para la proliferación de bacterias”, subraya Larrea. La frecuencia de ingesta, más allá de la cantidad puntual de azúcar, mantiene el pH oral en niveles ácidos durante más tiempo, dificultando la remineralización natural.
Frente a esta tendencia, la especialista insiste en la necesidad de actuar desde edades tempranas. “Resulta imprescindible promover en estas edades una dieta equilibrada y baja en azúcares que no perjudique sus dientes y encías”, afirma. Y añade que “a nivel general, cuando llegamos a la adolescencia, relajamos algunos hábitos saludables y por ello en la segunda infancia es importante consolidar el aprendizaje sobre lo que es una dieta equilibrada, saludable y por tanto baja en azúcares”.
Sin embargo, el impacto de la salud bucal infantil no se limita al plano clínico. La Dra. Larrea recuerda que las consecuencias menos visibles son, con frecuencia, las que pasan más desapercibidas para las familias. “El impacto de la salud bucal en la vida de niños y niñas va mucho más allá de las caries y la gingivitis”, advierte.
En este sentido, señala que “el desarrollo de enfermedades bucales afecta tanto al habla del niño como a su forma de relacionarse con los demás puesto que puede hacer que se sientan inseguros a la hora de interactuar con otras personas”. Las alteraciones en la fonación, el mal aliento o el dolor pueden convertirse en barreras sociales en una etapa en la que la integración y la autoestima resultan fundamentales.
Además, los problemas bucales pueden repercutir directamente en el rendimiento escolar. “El dolor hace que el sueño no sea de calidad, les puede distraer y reduce su ánimo, lo que se traduce en una menor concentración y peor rendimiento académico”, explica. El impacto, por tanto, se traspasa desde la clínica dental hasta el aula, afectando al desarrollo global del menor.
La experta también pone el foco en el papel de las familias y en el mensaje que se transmite a niños y adolescentes. Considera fundamental que los padres insistan en que la salud bucal no debe entenderse solo desde la estética, “especialmente en un contexto donde niños y adolescentes otorgan cada vez más importancia a su apariencia”, sostiene. “ La presión social y la influencia de las redes pueden hacer que prioricen “verse bien” por encima de hábitos que realmente protegen su salud”, añade.
A su juicio, la salud bucal debe concebirse como un elemento integral del bienestar general y como un factor que influye en la salud física, el estado anímico, la autonomía y la capacidad de participar plenamente en el entorno. “Este enfoque permitirá a niños y niñas adoptar rutinas más responsables y duraderas, reforzando decisiones que beneficiarán su bienestar a lo largo de toda la vida”, concluye.
*Los contenidos de ConSalud están elaborados por periodistas especializados en salud y avalados por un comité de expertos de primer nivel. No obstante, recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.
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