La mitad de la población española reconoce tener costumbres que dañan su boca sin ser consciente de ello
Un reciente estudio realizado por Institutos Odontológicos revela datos preocupantes: el 60% de los encuestados afirma mantener hábitos cotidianos que repercuten negativamente en su salud bucodental. El Barómetro de la salud bucodental en España 2026 ha analizado las respuestas de 1.750 pacientes odontológicos, y los resultados muestran una amplia variedad de conductas que, aunque parecen inofensivas, pueden causar daños permanentes.
Entre los comportamientos más habituales destaca el uso de los dientes como herramienta: el 35% de los participantes confiesa que los emplea para morder, abrir o sostener objetos. Le siguen morderse las uñas (17%), los labios o la cara interna de las mejillas (14%) y, en un 6% de los casos, masticar hielo de forma regular. La Dra. Arletty Rey, directora médica de la clínica IO Pamplona y odontóloga general en IO Pamplona e IO Bilbao, explica que estas acciones actúan como «válvulas de escape inconscientes» que, a la larga, desgastan los bordes de los dientes incisivos y provocan microtraumatismos constantes en encías y mucosas.
«El esmalte dental es el tejido más duro del cuerpo humano, pero está diseñado exclusivamente para triturar alimentos, no para soportar el impacto de materiales sintéticos, plásticos o metales», advierte la especialista.
Someter los dientes a este tipo de esfuerzos de forma reiterada —e incluso en un único episodio desafortunado— puede desencadenar consecuencias graves, costosas y, en muchos casos, irreversibles. No solo hablamos de desgaste del esmalte, sino también de fracturas o descementado de carillas y reconstrucciones, así como de problemas biológicos como la necrosis pulpar. «Abrir chapas de botellas con los dientes puede colapsar los vasos sanguíneos que entran por la raíz, cortando el riego y provocando una muerte pulpar asintomática», ilustra la doctora.
Consecuencias mecánicas, periodontales y articulares
El impacto de estas manías no se limita al diente en sí. Los traumatismos repetidos dañan el periodonto, generando inflamación aguda con dolor y, si el hábito persiste, reabsorción del hueso y movilidad dental. Además, las articulaciones también sufren: el sobreesfuerzo crónico tensa los músculos masticatorios y desgasta la articulación temporomandibular, lo que se traduce en chasquidos al abrir la boca, dolores de cabeza y bloqueos mandibulares.
Onicofagia: una manía con riesgos microbianos
Morderse las uñas (onicofagia) es uno de los hábitos más extendidos y también uno de los más desaconsejados por la comunidad médica. «Los estudios de cultivos microbianos muestran que las personas con onicofagia tienen una presencia significativamente mayor de bacterias como E. coli y Klebsiella spp. en la saliva», señala la Dra. Rey. Esto puede provocar infecciones gastrointestinales recurrentes, parasitosis y candidiasis oral. A nivel bucal, se asocia con maloclusiones, reabsorciones radiculares apicales, gingivitis, abscesos periodontales agudos e incluso pérdida localizada de hueso alveolar por fragmentos de uña impactados bajo la encía.
Para combatir este hábito, una opción práctica son los esmaltes de uñas con sabor amargo o treatments disuasorios, que ayudan a tomar conciencia del gesto.
Morderse los labios y las mejillas: un trastorno de conducta
Morderse los labios o el interior de las mejillas, al igual que la onicofagia o el tirarse del pelo, se engloba dentro de los Trastornos de Conductas Repetitivas Centradas en el Cuerpo (CRCC). «No es que seamos masoquistas ni que queramos hacernos daño deliberadamente, sino que el cerebro busca formas de gestionar el exceso de energía. Cuando estamos estresados, ansiosos, aburridos o hiperconcentrados, mordernos funciona como una válvula de escape», argumenta la doctora. El problema es que la sensación momentánea de alivio puede desembocar en heridas que requieran tratamiento y en impulsos que escapen a nuestro control. En estos casos, la solución pasa por una atención psicológica que proporcione pautas conductuales para abandonar el hábito.
Bruxismo: el enemigo silencioso de la noche
La manía bucal más repetida entre los participantes del barómetro es rechinar o apretar los dientes. Una de cada cuatro personas lo hace conscientemente, mientras que hasta un 40% reconoce hacerlo mientras duerme, como consecuencia del estrés. La Dra. Rey afirma que «el bruxismo ha dejado de ser considerado un problema secundario para convertirse en uno de los principales motivos de consulta en las clínicas odontológicas. Se debe a que ya no se ve como un problema puramente dental, sino como una manifestación del estrés, la ansiedad y los trastornos del sueño asociados al ritmo de vida actual». Diagnosticarlo en la primera visita es prioritario, ya que planificar implantes, ortodoncias o rehabilitaciones estéticas sin controlar este hábito aumenta significativamente el riesgo de fracaso del tratamiento.
Para quienes sufren bruxismo nocturno, los protectores bucales o férulas de descarga personalizadas pueden ayudar a minimizar el desgaste dental y la tensión muscular.
Tabaquismo: humo que también daña la boca
A pesar de ser un hábito muy conocido, el consumo de tabaco —tanto en cigarrillos tradicionales como electrónicos— sigue siendo alarmante para la salud bucodental. El 14% de los encuestados lo menciona. Entre las consecuencias negativas, la Dra. Rey enumera: disminución de la saliva (protector natural de la boca), menor neutralización de ácidos, halitosis crónica, aumento exponencial del riesgo de caries y mayor propensión a infecciones por hongos. El tabaco también produce lesiones en mucosas y paladar, afecta a las encías (no sangran fácilmente, lo que puede enmascarar infecciones graves como la periodontitis), altera la coloración de los dientes y afecta al sentido del gusto.
Para quienes buscan alternativas para dejar el hábito, existen chicles de nicotina o parches que ayudan en el proceso de abandono del tabaco, mejorando también la salud oral a largo plazo.
Estrategias preventivas y recursos útiles
El tratamiento de muchos de estos hábitos consiste en desarrollar pautas preventivas. La Dra. Arletty Rey recomienda la «regla de labios juntos, dientes separados»: en estado de reposo, mantener los labios sellados suavemente, dejando un espacio de unos pocos milímetros entre los dientes de ambas arcadas, con la punta de la lengua descansando en el paladar. Otros recursos incluyen:
- Mordedores de silicona médica para canalizar la necesidad de morder sin dañar los dientes. Mordedores diseñados específicamente para adultos pueden ser una solución eficaz.
- Chicles sin azúcar que estimulan la salivación y ayudan a neutralizar ácidos. Chicles con xilitol o sin azúcar son ideales para mantener la boca activa de forma saludable.
- Esmaltes amargos para disuadir la onicofagia.
- Prácticas relajantes como la desconexión tecnológica antes de dormir para reducir el estrés que desencadena el bruxismo.
Contenido original en https://www.europapress.es/comunicados/salud-0910/noticia-comunicado-seis-cada-diez-personas-desarrollan-malos-habitos-afectan-salud-bucodental-20260630095758.html
Si cree que algún contenido infringe derechos de autor o propiedad intelectual, contacte en [email protected].
Copyright notice
If you believe any content infringes copyright or intellectual property rights, please contact [email protected].