Ruth Mayné, odontóloga: “Si un niño usa el chupete todo el rato, la lengua se coloca detrás de la tetina y desarrolla el habla en un espacio reducido”
Muchos padres no se plantean llevar a su hijo al dentista hasta que cumple varios años. Para Ruth Mayné, odontopediatra y responsable del servicio Odontobebé de HM Nens, ese es uno de los grandes errores en salud infantil. La especialista defiende que el cuidado de la boca debe empezar con la aparición de los primeros dientes, cuando el bebé apenas tiene unos meses de vida, una etapa en la que la prevención puede evitar problemas futuros como caries, alteraciones en la mordida o miedo al dentista.
Mayné, con más de dos décadas dedicada exclusivamente a la odontología infantil, conoce bien la importancia de actuar a tiempo. Miembro de la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP) y de la Sociedad Española de Salud Pública Oral (SESPO), defiende una atención adaptada a cada etapa y ofrece pautas prácticas que los padres pueden aplicar de forma real. En esta conversación con La Vanguardia, la especialista explica cómo detectar problemas a tiempo y cómo la alimentación y la lactancia influyen en la salud bucal de los más pequeños.
Esta disciplina apareció el siglo pasado en Brasil, donde había muchísima patología. Allí se crearon las primeras clínicas para bebés especializadas hace 60 años y, en 2006, fui para aprender más sobre esta práctica, que ya estaba incorporada en las universidades, cosa que aquí no pasaba.
Cuando me especialicé en odontopediatría en 2002, solo visitábamos a los niños a partir de los tres años. Había pacientes de dos años con caries y los tratábamos, pero no hacíamos prevención ni seguimiento. Fue a partir de ese viaje que copié un modelo de lo que vi en Brasil en un hospital pediátrico integrado, donde los pediatras me derivan a los niños desde la aparición de su primer diente, lo que es muy fácil y permite hacer prevención al 100%.
Debería ser obligatorio que los pediatras o enfermeras nos derivaran a los pequeños cuando les salen los dos primeros dientes, es decir, entre los cuatro o seis meses de vida. Sería lo ideal para valorar tanto el estado de la boca como el riesgo familiar. Por ejemplo, podemos preguntar a los padres si han sufrido alguna enfermedad periodontal o de caries y sus hábitos. Una información que nos permite categorizar al niño entre riesgo bajo, medio o alto. Si el peligro es mínimo, puede ser suficiente una visita al año para ir aplicando pautas según el desarrollo. Si no, pueden realizarse consultas cada tres o seis meses. Para que se dé todo esto, sería genial que la madre tuviera toda esta información cuando aún está embarazada. De hecho, si tiene alguna patología bucal, debería tratarse antes de la concepción, como una gingivitis.
Lo más común son las caries, problemas en la oclusión y la traumatología dental. Después puede haber dolencias variadas, como amelogénesis y dentinogénesis imperfectas, pero es uno de cada 12.000 niños. Luego hay bebés que nacen con dientes y pueden hacer daño o afectar a la lactancia, o pacientes con necesidades especiales que desarrollan síndromes. También detectamos molestias por la erupción de los dientes o analizamos los frenillos linguales en niños de pocos días de vida para valorar la movilidad de la lengua.
Desde que salen hay que cuidarlos. Hay que enseñar a los padres cómo limpiar los dientes de manera fácil y rápida, en apenas diez segundos. Hay que incorporar esa rutina porque tiene unos beneficios enormes y no se le da importancia. Las familias entienden que se ha de limpiar el culo, pero la boca, que tiene más peligro, no. Nosotros damos pautas de todo tipo y según la dolencia. Por ejemplo, si les duele la boca porque les están saliendo los dientes, podemos recomendar desde un mordedor hasta ibuprofeno si es un dolor muy exagerado y está entre los 14 o 20 meses.
Porque es esencial. Los niños a los que les hemos hecho seguimiento durante los primeros años no han tenido lesiones de caries a medida que han ido creciendo y han necesitado muchos menos tratamientos. Realmente, tiene unos beneficios económicos para la familia, los profesionales y, sobre todo, para los niños. Incluso a nivel conductual, porque si se acostumbran a ir al dentista, luego ya no tienen ansiedad ni miedo.
Lo importante es no esperar a la señal, sino aprender a explorar la boca. Cuando empiezas a manipular la boca de tu bebé para limpiar los dientes, visualizas mejor lo que hay y puedes detectar manchas, por ejemplo. Habrá cosas que no puedan captar, como una caries que esté por detrás y que haya hecho un agujero, pero si se acostumbran a cepillar los dientes, serán conscientes más rápidamente de si hay alguna señal de alarma.
Sí, es protectora de malas oclusiones porque el pecho no deformará la boca. Al contrario, tiene muchos beneficios porque los bebés nacen con la mandíbula hacia atrás, como retrognáticos, porque se ha de doblar sobre sí mismos para pasar por el canal del parto. Con el pecho, al tener que hacer un movimiento anteroposterior hacia adelante, desarrolla este hueso. Por eso, recomendamos mantenerla lo que se pueda, siempre sin juzgar otras formas de alimentar al bebé. Eso sí, si queremos lograr lactancias exclusivas de seis meses, necesitamos que las madres tengan una baja maternal mientras el bebé toma pecho.
Todo lo que es artificial tendrá una fuerza compensatoria para la boca muscular, y no nos gusta. Preferimos que el chupete se quite cuanto antes, pero si el bebé lo necesita, se puede mantener. De cero a un año, que lo dejen tanto como quieran. De uno a dos años, que es cuando empieza la parte del lenguaje, pueden usarlo para dormir, pero sin llevarlo enganchado todo el día porque queremos que la boca esté libre y la lengua se mueva libremente. Si usan un chupete todo el rato, la lengua se coloca detrás de la tetina y desarrolla el habla en un espacio reducido. Así, aunque sabemos que deforma se puede usar porque en esta etapa la boca es muy plástica y blanda, de manera que todo lo que ha provocado el chupete se vuelve a cerrar por la musculatura.
No pasa nada si se mantiene hasta el año. Después, si se puede cambiar por chupete, mejor, porque es más fácil quitarlo que un dedo. La succión digital es fácilmente disponible y, si está todo el rato con ello, genera un efecto muy difícil de sustituir. Si no se retira antes, el niño lo deja por sí solo de los ocho a los 12 años porque le da vergüenza, de manera que ya se ha alargado mucho en el tiempo y puede haber provocado problemas bucodentales.
Si un niño ya se sienta y puede empezar a beber en vaso, preferimos que lo haga así que con un biberón. Siempre he dicho que la leche en biberón está bien, pero el agua es mejor con vaso. A partir del año, empezamos a reducir el biberón y, como mucho, lo aguantamos hasta los 18 meses.
Uno muy importante. Las caries, por ejemplo, son totalmente prevenibles con base en la alimentación y la higiene. Hemos de controlar azúcares y garantizar run buen cepillado. Luego, hay otras patologías en las que juega un papel más importante la genética, como la mala oclusión.
Veo un cambio positivo. Cuando empecé en 2002, había un desconocimiento total o no se le daba importancia a la boca de los bebés. Ahora, hay mucha más información con evidencia y los padres son más conscientes y preguntan más. Por ejemplo, en consulta me encuentro padres con bebés de 14 meses que me dicen: “Perdona por no haber venido antes, no he podido coger antes la cita”. Eso es una maravilla, que quieran llevarlos tan pronto. Jamás me lo hubiera encontrado cuando comencé hace más de 20 años.
Me acuerdo de que en 2003 fui a un congreso europeo donde presenté un estudio con encuestas de todas las escuelas de Barcelona, públicas y privadas. A partir de ellas descubrí que la mitad de los encuestados no habían llevado a su hijo/a al dentista a los seis años. Ahora, no creo que a esa edad no hayan ido todos.
Sí, creo que hemos dado un giro espectacular en la odontología. Los pediatras, los profesionales de enfermería o las matronas están superformados y nos derivan directamente a los niños cuando detectan algo. Ahora, te diría que la mayoría de los niños han tenido visita con el dentista a los tres años.
La alimentación. Creo que se ha empeorado en esta temática, hay mucho caos. Aunque se está haciendo mucho trabajo desde nutricionistas pediátricos y otras disciplinas, la industria nos intenta confundir. Sigue habiendo publicidad inadecuada de productos infantiles y se sigue promocionando eso. Por ejemplo, en los supermercados, los productos con azúcar están desde la altura de los niños hacia abajo olotx2.cat.
Contenido original en https://www.lavanguardia.com/magazine/bienestar/20260602/11553902/ruth-mayne-odontologa-nino-chupete-rato-lengua-coloca-detras-tetina-desarrolla-habla-espacio-reducido-gvm.html
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